Tipos de suelo radiante

Es innegable que el suelo radiante en Madrid es una de las opciones más demandadas por nuestros clientes cuando buscan un sistema de calefacción centralizado. Una alternativa que destaca por su comodidad y por su forma eficiente de distribuir el calor.

Básicamente, en el mercado hay dos tipos de suelo radiante. El primero es eléctrico y el segundo se basa en la utilización de agua.

Eléctrico

Este se alimenta solamente de la energía eléctrica y va instalado bajo el revestimiento del suelo. Lleva una estructura serpenteante que, al calentarse, va traspasando el calor al suelo.

Por motivos de seguridad lógicos, esta estructura que emite el calor está aislada con una lámina impermeable de poliestireno extruido. También puede aislarse cubriendola por ambas caras por una malla de fibra de vidrio dentro de un mortero de cemento fino. Este tipo de aislamiento es más eficiente en cuanto al mantenimiento del calor.

Por agua

Con este tipo de suelo calefactante es con el que se logra un mayor ahorro energético y menor tiempo de amortización. Más que nada, porque su eficiencia es bastante mayor. Este sistema logra una temperatura ambiente de entre 18ºC y 22ºC ya que el agua que calienta el suelo alcanza una temperatura máxima de 46ºC. Este agua se calienta con una caldera aunque se puede combinar con aerotermia, bombas de calor y calderas de condensación. En estos casos, en Air Master te recordamos que la eficiencia energética será mucho mayor.

Claves para mejorar la eficiencia 

Lo primero es la elección de los materiales y, después, el diseño óptimo del sistema.

  • Elección de los materiales

Hay que utilizar un panel aislante liso para repartir el calor de forma horizontal. En cuanto al grosor, los mejores son los de 0,25 mm. La tubería por la que corre el calor es multicapa, de mayor durabilidad y sin empalmes. Además, cuenta con una capa de aluminio que ayudará a la distribución del calor.

  • Diseño del sistema de climatización de calor

Para lograr la máxima eficiencia hay que tener en cuenta la distancia entre las tuberías. Para ello, hay que contemplar la distancia, los puntos de pérdida de calor, el aislamiento y la orientación de la sala. La longitud de los circuitos es además muy importante. El intervalo ideal está entre 50 y 100 metros.